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PRESENTACIÓN de la EXPOSICIÓN “POR LA CRUZ A LA LUZ”.

28 de enero de 2026
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PRESENTACIÓN DE ANTONIO PRAENA OP

El pasado viernes 23 de enero se celebró la inauguración de la exposición "Por la cruz a la luz", del artista valenciano Peris Carbonell. El acto reunió a visitantes, colaboradores y amantes del arte en una jornada marcada por la reflexión y el diálogo en torno a la obra del artista y su profundo lenguaje visual.

Durante la apertura, el director de O_LUMEN Antonio Praena OP dedicó unas palabras a la trayectoria de Peris Carbonell y al sentido de esta exposición dentro del espacio expositivo. A continuación, reproducimos íntegramente su intervención:

Hacer posible lo inconcebible es, según la opinión del filósofo francés Jean-Francois Lyotard, la auténtica tarea del arte.

 
Al artista le corresponde sorprender a la conciencia confrontándola súbitamente con el hecho de estar vivos, con el gozo de que las cosas sean, con el milagro del ver, esa verdad vibrante que tantas veces queda ofuscada bajo las dificultades y las oscuridades del vivir. 


El asombro, la alegría de estar bañados por la luz de la existencia, de formar parte del mundo al contemplar el mundo desde dentro de él, hace estallar el júbilo de estar constituidos por la misma luz y los mismos colores que el mundo que vemos.  


Esta energía, de la que es portadora la luz y todos los colores que están dentro de la luz, es experimentable con mucha más intensidad si ponemos en duda una expectativa más fundamental, a saber, si cuestionamos que dicho acontecimiento deba ocurrir. Nos damos cuenta del milagro de la existencia cuando reflexionamos sobre la posibilidad de que todo lo que vemos pudiera no existir, pudiera acabar alguna vez. 


La luz pintada, el brochazo denso afirmando y reafirmando la densidad del aquí y el ahora, se convierten entonces en una victoria sobre la nada.  


El color, una vez pintado, cae, sucede, y se asienta en la trama de lo visible contribuyendo a multiplicar no solo la alegría de vivir sino el vivir mismo. En ese momento el artista está realizando con toda potencia su semejanza con el creador divino que llama al ser lo que no existe, que saca luz de donde nada había, que inventa colores que nadie nunca antes podría anticipar. 


Señala Lyotard que esta presencia de lo sublime, o como quiera llamarse a esta eclosión de color, es una contraposición a la nada. 
Por lo tanto, el color y la luz son una victoria anticipada sobre la cesación, sobre la muerte y la oscuridad. 


La finalidad de la obra de arte, especialmente aquellas en las que la intensidad es mayor, es estar ahí y también mostrar en el gesto de sorpresa, en el ¡oh! del estupor, la participación del ser humano en el milagro de crear y de acrecentar la existencia. 


Las obras de arte son balbucientes micrologías que gestionan el recuerdo y lo afirman frente al olvido y la oscuridad. Aquí coincide al arte con le ética, cuya tarea es, igualmente, dar voz a lo sin voz y contrarrestar la inevitable culpa del olvido. 


Y el shock por excelencia es que los colores existen y, además, se necesitan y se requieren y se apoyan entre ellos. Que hay una comunión de pluralidad en la unidad en el hecho de lo pintado, en el hecho de que algo es retratado y de que, por tanto, la privación ha cesado. El arte habla de la aterradora posibilidad de la privación y deroga al mismo tiempo la privación de la luz. Afirma la coexistencia armónica de los colores frente a los horrores de la tinieblas, de la soledad, del vacío, de la muerte. 


Hay color, luego existimos.